domingo, 15 de febrero de 2015

Fragmento: Rojo como la sangre.

En este tipo de secciones del blog, quiero destacar partes que en especial me han gustado de un libro. En este caso, el final de "Rojo como la sangre" tenía un texto precioso que me apetece compartir.

<<Fea. Foca. Fideo. Tienes dientes de conejo. Tienes voz de carretero. Llevas grasa en el pelo. Llevas mierda en los zapatos. Tienes brazos de mono. Tonta. Burra. Idiota. Estúpida. Puta.>>
<<¿De dónde has sacado esa ropa? ¿De la basura?>>
<<A tus padres les daría vergüenza andar contigo por la calle.>>
<<Si yo tuviera esa pinta, nunca saldría de casa.>>
<<Seguro que te adoptaron.>>
<<Nunca nadie querrá darte un beso.>>
<<Nadie puede querer a alguien como tú.>>
<<¿Por qué lloriqueas? Si te duele, dilo claro. ¡Ah!. ¿Que te duele? Cierra la boca o te voy a dar una buena razón para llorar.>>
<<Eres tan fea que cuando te dan una paliza mejoras.>>

Palabras, palabras y más palabras. Frases, oraciones, preguntas, gritos. Pellizcos, golpes, patadas, arañazos, agarrones, tirones, empujones.
Tú no eres lo que dicen esas palabras. No eres lo que dicen esos gritos y esas broncas. No eres las cosas feas que te escupen en la cara como chicles que han perdido el sabor. No eres la sangre que te mana de la nariz. Esas personas no son quiénes para definirte. No les perteneces.
Dentro de ti siempre hay una parte a la que nadie puede acceder. Eso eres tú. Tú eres tú y dentro de ti hay un universo. Puedes ser lo que quieras. Puedes ser quien quieras.
No tengas miedo. Ya no debes tener miedo.