domingo, 23 de octubre de 2016

Latidos (Frases)

¡ALERTA SPOILERS! :)
 Es raro estar así... entre tantos millones.
 Como vivir una soledad aumentada.
Las historias tienen su ritmo 
como la música. 
Si te aceleras o vas demasiado lento, 
se pierde el efecto y de poco sirve 
lo espectacular que sea lo que quieras contar. 
 El universo no juega a hacer
 Una gynkana con nosotros.
 Las señales están ahí, todas:
 las que nos parecen más amables,
 las más crueles y las más insignificantes.

 Nosotros lo único que hacemos
 es elegir en cuál queremos fijarnos.
 Incluso los momentos más terribles
 
esconden un rayo de esperanza.
Como sea pero me parece 
que a lo mejor eres de esas personas 
que son más felices cuando quieren a alguien. 
Y antes de que lo preguntes: 
no, no todo el mundo es más feliz cuando quiere a alguien. 
Hay personas que no saben querer, 
y sufren al mismo tiempo que aman. 
 Mi madre solía decir que a veces merece la pena
 sufrir una tormenta de dolor
 si a cambio puedes experimentar una cuarta parte
 del amor que describen los libros y las películas.
 Al menos, eso decía hace años.
 No sé si seguiría pensando lo mismo cuando murió...
"No es oro todo lo que reluce 
ni todo el que anda errante está perdido 
(El señor de los anillos) 
 Si le escucharas tocar...
 Sus dedos se mueven sobre el teclado como una tormenta,
 golpeando cada tecla con la fuerza o la delicadeza
 que requiere cada compás.
 Parece que ha nacido con un metrónomo en el corazón,
 siempre a ritmo.
Míranos a nosotros... 
Solo necesitamos perder un vuelo para encontrarnos. 
 La única distancia insalvable que existe
 es la que hay entre la vida y la muerte.
Muchas veces confundimos lo que no vemos 
con lo que no tenemos. 
Porque hay un millón de posibilidades que podríamos alcanzar 
con solo alargar un poco el brazo, 
dar un paso adelante o, simplemente, 
decir las palabras oportunas en el momento adecuado. 
O, en tu caso, escribirlas. 

 Tengo miedo de dejar de acordarme de ella.
 Cuando ocurrió todo
 empecé a pensar que, al morir,
 las almas se convierten en cometas.
 Y que los que nos quedamos aquí recordándolas
 llevamos el cordel sujeto a la muñeca.

 Siempre están con nosotros y, de alguna manera,
 siguen formando parte de este mundo.
 Pero si las olvidamos,
 el cordel se escapa y la cometa se pierde para siempre.
 Yo no quiero que mi madre se pierda.
Aquí es de noche y hay una luna creciente 
que hace aún más evidente la oscuridad del mar. 
La arena está húmeda y tampoco hay nadie bañándose. 

¿Te das cuenta de que 
estando el uno frente al otro 
estamos viviendo momentos distintos, 
en lugares distintos, 
como en dos mundos paralelos? 
 Pues no sé si existen el cielo y el infierno,
 pero sí creo que cuando morimos
 una parte de nosotros abandona este mundo,
 y otra se queda acompañando a quienes nos han querido
 a lo largo de nuestra vida.
 Y que mientras sigan existiendo personas en la Tierra
 en las que hemos dejado huella,
 no desapareceremos del todo.
Creo que todos estamos conectados 
y que la vida consiste en eso: 
en plantar semillas de bondad, cariño, amor... 
y dejar que de ellas crezcan árboles 
que den sus propios frutos, 
y que estos vuelvan a la tierra 
dando lugar a otros nuevos. 
 No necesito hacerte esas preguntas,
 En el fondo, me dan igual tus respuestas.

 Me dan igual porque no necesito conocer las respuestas
 para saber que estoy enamorada de ti.
Dile lo que te preocupa y quizás encontréis una solución entre los dos. 
O puede que descubráis que merece más la pena 
quererse en la distancia que esperar que el olvido borre 
lo que sentís el uno por el otro. 
 Los orientales creen que todas las personas
 nacemos con un hilo rojo atado al meñique,
 que nos acompaña toda la vida
 aunque no podamos verlo.
 Este hilo une nuestra alma a su destino.

 Cuenta la leyenda que un joven emperador
 le encargó a una bruja famosa
 que buscara el otro extremo de su hilo rojo
 para saber a quién estaba unido su destino.

 La bruja empezó a seguir el hilo,
 que le llevó hasta un mercado
 donde una campesina sostenía a una niña en brazos.
 Entonces le dijo: "Aquí termina tu hilo".

 El emperador pensó que la bruja se estaba burlando de él
 y empujó a la campesina para marcharse,
 con tan mala suerte
 que la pequeña se le cayó de los brazos
 y se hizo una herida en la frente.

 El joven emperador
 le dio un saquito de monedas a la campesina
 como disculpa,
 y ordenó cortar la cabeza a la bruja
 por aquella humillación.

 Disgustado por el incidente,
 dejó de buscar su destino durante un tiempo,
 Hasta que un día, el consejero real
 le dijo que ya era hora de casarse,
 y que lo más conveniente para el reino
 era que tomara como esposa a la hija de un poderoso general.

 El emperador aceptó y la joven fue llevada a palacio
 con un precioso vestido de seda y un velo que le cubría la cara.
 Cuando se lo levantó, el emperador vio su rostro bellísimo
 con una profunda cicatriz en la frente.